Sabido es que éste gobierno ha tenido que enfrentar grandes desafíos, algunos de ellos absolutamente inimaginables como la pandemia mundial que nos tocó atravesar y que todavía hoy se visualizan sus secuelas y, otros tantos que son producto de largos procesos de deterioro. El primero de ellos fue sorteado con solvencia, el manejo de la pandemia fue realmente excepcional en todos sus aspectos y marcó la diferencia de nuestro país en el mundo. Hoy, con el diario de lunes y ya sin la presión de lo desconocido pueden resultar reiterativas estas afirmaciones, pero solo el paso del tiempo logrará colocar en su justo término la inmensa tragedia que enfrentamos como humanidad y la excelencia en la gestión de la crisis en Uruguay, en todos y cada uno de los espacios del Estado, lo que permitió minimizar el impacto en la vida de las personas de tal forma que hasta fuimos, como hacía mucho tiempo no pasaba, ejemplo a nivel mundial.
Hay otros desafíos que este gobierno, de manera voluntaria, asumió el compromiso de afrontar, sin evaluar costos políticos y con el firme convencimiento de que si no generamos cambios en esas áreas no hay futuro posible. Transformar la educación y generar un nuevo sistema de seguridad social son los dos grandes temas que este gobierno eligió como bandera, son los que imponen los mayores desafíos y requieren los más grandes esfuerzos en la búsqueda de acuerdos en el sistema político.
Hay muchos otros temas en la agenda política actual y es entendible, esperable y hasta aceptable, que respecto de esos la oposición juegue su papel con una intencionalidad electoral. Ahora, resulta imprescindible lograr un acuerdo de paz que permita avanzar en la transformación educativa y en la reforma de la seguridad social, la oposición debe estar a la atura y asumir un rol mucho más activo desde la propuesta, siendo parte de la construcción del Uruguay del futuro, siendo parte de las transformaciones más importantes que debe enfrentar nuestro país.
Lamentablemente la realidad nos muestra que ese no es el espíritu que campea, el tono en el debate con el que nos encontramos cotidianamente no es muy auspicioso en cuanto a la posibilidad de tender puentes que permitan construir juntos desde la concepción más republicana posible.
Esta semana comenzó a funcionar la Comisión Parlamentaria, integrada por representantes del oficialismo y oposición, que va a trabajar sobre el proyecto de ley remitido por el Poder Ejecutivo que plantea la reforma de la seguridad social. En su primera sesión la comisión recibió a una delegación integrada por el Ministro de Trabajo, la Ministra de Economía, el Ec. y Coordinador de los equipos técnicos Saldain, así como un grupo de técnicos de cada área con el objetivo de explicar el proyecto y evacuar dudas al respecto. Inmediatamente finalizada la reunión representantes de la oposición dijeron en la prensa que la reforma era "impresentable en tiempo y forma" agregando "nosotros acá vamos a dar lucha para que ésta reforma no salga". El Diputado dejó bien en claro que no van a trabajar para modificar el proyecto, que no van a realizar los aportes que ellos entiendan puedan mejorar el proyecto de ley que pretende dar solución a un grave problema que tiene nuestro país. No, nada de eso, lisa y llanamente anuncian que trabajaran para que esta reforma no sea.
Idéntica situación vivimos durante todo el año pasado con la transformación educativa. Durante todo el 2022 fuimos testigos de la repetición constante del discurso del miedo, durante todo el año pasado escuchamos una y otra vez como se vaticinaban los mayores desastres de la historia educativa del país, escuchamos decir que la educación se privatizaba y que la escuela dejaba de ser obligatoria. Fuimos testigos de constantes actos y manifestaciones en contra de la transformación sin que quedara nunca en claro a que se estaban oponiendo, salvo la repetición de consignas prefabricadas y con olor a naftalina.
Mientras tanto el gobierno de la educación se dedicó a recorrer el país entero para hablar con las familias, con los docentes y la comunidad toda para explicar el proceso que se estaba llevando adelante. De puertas abiertas, en espacios públicos y accesible a todo el que quisiera participar, se explicó la importancia de transformar la educación y como se pensaba hacerlo. Los cambios siguieron adelante y este 2023 será testigo de su implementación dando inicio a lo que será un proceso de transformación constante.
Sin embargo, y a pesar de la realidad de los hechos, dicen que la esperanza es lo último que se pierde y yo siempre fui muy optimista, por eso creo que este año que comienza es un buen momento para que la oposición decida sumarse a la construcción institucional del país realizando aportes sustantivos, con una mirada amplia y dejando de lado las cuestiones electorales en estas dos transformaciones impostergables para el país. Ese es el mayor desafío que tiene el sistema político por delante, demostrar madurez institucional que permita avanzar en la necesaria transformación educativa y la reforma de la seguridad social.
Todos los demás asuntos pueden y deben ser tratados y analizados con miras al 2024.
febrero de 2023