Columnas de Opinión

¿Civilización o barbarie?

📅 29 de July de 2026 🕐 Lectura: 4 min ✍️ Virginia Cáceres

Desde hace unos días las noticias hablan de una persona, o varias aisladas, o un grupo de ellas, nada es certero, que salen por la noche y atacan brutalmente a las personas que se encuentran en situación de calle, noticia que no es nueva, el año pasado ya habíamos tenido episodios similares, pero que renueva el debate y y nos interpela como sociedad.

Desde que se instaló la noticia y todos los días vamos conociendo nuevos y macabros capítulos de una historia sin fin, no puedo dejar de pensar en la película "La naranja mecánica" en la cual su joven protagonista, Alex, disfrutaba a través del ejercicio de la violencia, así, tan simple y tan complejo, el placer de ejercer actos de violencia. Alex, junto a un grupo de jóvenes que lo acompañaban y secundaban en todos sus planes, recorría su ciudad realizando los más crudos y violentos hechos que uno pueda imaginar. Jóvenes sin un propósito o sentido claro en la vida.

Al igual que en la naranja mecánica, parecería que hay varios Alex, en grupo o solos, no lo sabemos, recorriendo el centro de nuestra ciudad cometiendo actos de violencia con personas en situación de calle y cabe preguntarnos entonces si estos hechos responden a una intención articulada y pensada para eliminar a las personas en situación de calle como una expresión de odio, o si más bien responde a una forma de conducta social en donde la violencia es la vía de comunicación elegida, la forma de expresión elegida.

Y si miramos un poco a nuestro alrededor tal vez la respuesta no sea tan compleja. Un grupo de jóvenes que se golpean brutalmente a la salida de un boliche, hinchas de un cuadro de fútbol que se matan en la previa de un partido, adultos referentes que se toman a golpes de puño en los partidos de baby fútbol, un padre que golpea a su hijo para descargar su frustración diaria, una abuela que prostituye a su nieta menor de edad y así podemos seguir evidenciando la larga lista de situaciones violentas a las que estamos sometidos cotidianamente y que las tenemos absolutamente naturalizadas, conductas que forman parte de nuestros códigos de relacionamiento social, no de todos, pero si de una gran parte de la sociedad ante la mirada indiferente de la otra parte.

Vivimos en un mundo bajo una crispación constante en donde la empatía, la solidaridad y lo colectivo fueron desplazados por el individualismo, un narcisismo exacerbado y una mirada artificial respecto a todo lo que nos rodea. La insatisfacción constante, como un elemento estructurante de nuestras vidas, la falta de un sentido, el tedio por lo que soy, no debería sorprendernos que se transformen en expresiones de violencia como forma de canalizar todas esas frustraciones. Y si bien esto no pretender ser una justificación de nada, la realidad es que es muy difícil pensar en elaborar una respuesta distinta a la violencia que nos rodea. Generar herramientas para cambiar los códigos de convivencia requiere de un esfuerzo mucho más grande cuando el entorno es hostil.

Al igual que en "la naranja mecánica", al igual que siempre en la historia de la humanidad todo se reduce al modelo binario del bien y el mal. Ante un poder nuevo, externo, poderosísimo, imperceptible y que, lenta y sigilosamente, rompe, transforma y somete nuestras vidas a una realidad que no es tal y que nos condiciona, en ejercicio de nuestra libertad debemos elegir entre uno u otro.

El sistema judicial podrá identificar y someter al rigor de la ley a quien o quienes hayan cometido estos horrendos delitos, y así espero que sea, pero el desafío más grande que tenemos por delante es recomponer y recomponernos a un mundo que nos empuja día a día a ser peores personas.

 Julio 2023

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